Por Olga Trujillo
¿Quién, si le gusta el futbol, no ha jugado futbolito? A pesar de que este jueguito tan popular como el mismo que se practica en pasto se inventó desde el siglo pasado, todavía es posible encontrarlo en una tiendita donde hay que ponerle una moneda para que salga la pelota, en un restaurante, en las tiendas de juguetes, en las famosas ‘chispas’ –o al menos así se llamaban en mi época–. Sin embargo, aún no he visto uno en México que tenga jugadoras en vez de jugadores, más que este de la fotografía y está en las instalaciones de ESPNWomen y otro que comercializa Mattel y trae a las Barbies muy sonrientes en las barras, ya saben todas rubias ellas, maquilladas y de cabello suelto.

¿Quién lo inventó?
Se dice que el inventor del futbolito (la segunda edición) fue, según la Federación Española de Futbolín, el gallego Alexandre Campos Ramírez. Cuenta la historia que durante la guerra civil, una bomba nazi que cayó sobre Madrid sepultó a Alexandre bajo los escombros. Como consecuencia, el gallego tuvo que ser trasladado primero a Valencia y después al hospital de Montserrat. Al estar convaleciente y viendo a muchos niños heridos como él incapaces de jugar al fútbol, tuvo la brillante idea de crear un fútbol de mesa inspirado en juegos de mesa. Con la ayuda de un amigo carpintero vasco, Alexandre fabricó el primer futbolito.
La pregunta es ¿por qué si para jugar fuchito (también se le conoce así en México) sólo hay que utilizar los muñecos montados en barras para golpear la bola hacia la meta del contrincante y se requieren buenos reflejos y conocimiento de las técnicas del juego, no se comercializan igual fuchitos con mujeres que con hombres? Ya es hora de dejar de ser espectadoras, hagamos el nuestro. ¿O alguien ya tiene y nos invita la reta?

