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Formadas en la aerolínea Air Canada para checar sus maletas, las judokas mexicanas Vanessa Zambotti, Edna Carrillo y Andrea Casandra Gutiérrez, entre otros judokas mexicanos soportan la larga fila que las separa del mostrador. Arrastrar la maleta, esperar, volverla a arrastrar es el último ejercicio que practican previo a su partida rumbo a los Juegos Panamericanos de Canadá.

Zambotti acepta la entrevista amablemente y hace un recuento de su experiencia: «Ya son mis cuartos Juegos Panamericanos y estoy muy contenta porque son los últimos y cierro un ciclo, así que voy por una medalla más», dice con la paciencia que le permite reflexionar algo más a fondo pues «en estos quince años que he sido judoka he tenido buenos resultados y he logrado que el judo femenil sobresalga y estoy muy orgullosa de eso».

Vanessa Zambotti y Edna Carrillo, judokas
Vanessa Zambotti y Edna Carrillo, judokas

Para la judoka de más de 78 kg, es un hecho que “el judo ha cambiado mucho del 2003 hasta ahora y pues nosotras también nos tenemos que adaptar para cambiar nuestras técnicas y tácticas, hacer otro tipo de movimientos». Pero no sólo el judo ha tenido sus ayeres en cuanto a la técnica, también ha crecido en cuanto a seguidores y seguidoras y por eso, contenta, Vanessa Zambotti invita a conocer la historia de Andrea Casandra Gutiérrez, una nuevo talento en el judo que en el 2011 participó en los Panamericanos de Guadalajara pero como voluntaria, “se peleaba por ayudarnos a mi y a Edna” dice Zambotti” de la atleta que hoy de igual forma lucha pero en el tatami “es una historia muy padre de superación, de querer estar aquí y competir», dijo la judoka medallista de bronce en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y de oro en Río de Janeiro 2007.

 

DE VOLUNTARIA A JUDOKA

Andrea Casandra Gutiérrez es de Guadalajara y empezó a entrenar a los siete años deporte de combate porque su papá practicaba karate. “Mis grandes ídolos son Edna y Vanessa. Edna sobre todo es la que me ayudaba mucho en mi carrera, me empujó porque me hablaba de los viajes por eso me empezó a gustar”, dice Casandra ya un poco más avanzada en la fila de espera.
“En Guadalajara 2011 fue sensacional estar como voluntaria, lo que tenía que hacer era cargarles sus cosas, sus chanclas, sus bebidas, uniformes y llevarlos hasta el área de a la competencia; ahora como atleta es muy padre compartirlo con ambas”, cuenta.

Los aprendizajes que deja el judo más allá de moretones y raspaduras en la piel son “muchas cosas buenas y malas, mucho de pérdidas y caídas y de seguir luchando” dice la judoka de 63 kg quien asegura tener un curriculum respetable con apenas dos años que empezó aunque asegura que puede mejorarlo: Quedó en segundo lugar durante los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014; en Mundial de mayores en Rusia el año pasado quedó entre las 16 mejores y también obtuvo medalla en el Campeonato Panamericanos de la Especialidad en Ecuador 2013.

Su percepción en cuanto al crecimiento del judo femenil cuenta tiene también un fantasma: el machismo. “Casi no nos apoyan y somos las más damos resultados” dijo. Asimismo hay otro rival que dentro del judo femenil aún hay que derrotar: “Me critican muchísimo por mi cuerpo la verdad no me importa, pasa en todos los deportes, nos ven como si no valiéramos nada pero al contrario”. Así es el judo femenil en México y sus judokas.

Andrea Gutiérrez, judoka jalisciense
Andrea Gutiérrez, judoka jalisciense

EL SABOR DEL JUDO EN PALABRAS DE EDNA CARRILLO:

EDNA CARRILLO, LA ACTITUD DE UNA JUDOKA MEXICANA