Bajo el inclemente rayo del sol, Paulina Fierro, de 14 años, esperaba su turno igual que otras 400 niñas del interior de la República y de Estados Unidos, dispuestas a patear el balón de futbol con la suficiente magia para llamar la atención de los entrenadores de la Selección Nacional Femenil. Ser zurda natural le daba esa confianza para transitar por el mismo lado de la cancha como lateral y ser elegida para vestir la camiseta verde. Cumplir el sueño, que cada vez se alimenta más en miles de niñas de su edad en el país, le llevó a insistir en dos visorias en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), pero fue hasta la tercera cuando pudo estampar su nombre en la lista de talentos. Sus horas invertidas en los entrenamientos (y las de sus padres) en las canchas de la academia de futbol sin fines de lucro fundada por la ex seleccionada Mónica González, habían concluido un proceso. Una semilla más para la selección y una batalla más contra las estadísticas en el tema de las mujeres adolescentes del país.
“Tenía un poco de coraje porque no me eligieron a la primera, nos ponen a jugar y yo sentía que podía estar ahí. Al fin cuando me dijeron ‘quédate para otro partido’ y me pidieron mis datos para las convocatorias ¡me emocioné mucho porque era un sueño!”, dice Paulina y sube un poco su tono de voz. “Después le mandaron un correo a mi mamá para que me fuera a concentrar para el torneo que habrá en julio del próximo año y en eso estoy”, explica con la experiencia ya de tres convocatorias.
A trece kilómetros de distancia de donde entrena la primera seleccionada de Gonzo Soccer (México), en el Velódromo Olímpico de la Ciudad de México, está ubicado el centro de enseñanza de futbol Club Laguna, fundado por Mercedes Rodríguez (en 1987), quien hoy presume nombres como el de Maribel Domínguez, Cecilia Santiago, Fátima Leyva como sus aportaciones a la Selección Nacional (entre otras jugadoras). Más al sur de la ciudad se encuentran otros clubes como Andrea Soccer, creada siete años después que el Club Laguna y ahora dirigida principalmente por otra mujer “La Jarocha” –como le dice a Lizet Romero– y donde las futbolistas Charlyn Corral y Mónica Vergara fueron formadas (aunque 16 más también han logrado participar con la selección en eventos oficiales). Asimismo la Organización Pumitas CU de la UNAM y de donde surgió la mundialista Valeria Miranda, da cuenta de que los sueños de Paulina se repiten en varios rincones de una ciudad donde las estadísticas referentes a la juventud llegan a extremos.
LA LUCHA CON POCOS APLAUSOS
En Gonzo Soccer, por ejemplo, “empezamos con veinte niñas y ya son 70 en Satélite en poco más de dos años. Yo siempre digo que el perfil del 90 por ciento es el de niñas que viven en comunidades con pocas oportunidades de vida como para competir o pagar un club”, comenta la ex capitana de la Selección Femenil y da como ejemplo a Martita, quien vive en Cuajimalpa, tiene 11 años y se traslada hora y media en camión con su mamá con tal de ir a entrenar.
Para Gonzo, como le dicen a la ex seleccionada nacional, todas son señales de que el interés de las niñas por jugar futbol en el país es latente, pero que no deja de ser una lucha con pocos aplausos para las que lo fomentan: “Lo más difícil ha sido probar que el trabajo que hacemos funciona, nosotras vemos un cambio en las niñas y en los papás, pero para poder ir a decir ‘mira estoy cambiando las vidas o son más sanas o más fuertes’, lo tengo que demostrar, y eso es hacer monitoreo, encuestas, videos, lo cual cuesta”, reflexiona Mónica en tono de espíritu incansable.
Otros de las luchas que no se ven, pero que sostienen la teoría de Mónica es “este año en Cuautla hubo un embarazo de una niña de 13 años –que al final perdió al bebé–, llevábamos dos meses con la academia pero aún así cuenta. Las estadísticas dicen que una de 5 niñas que tenemos se embarazará antes de cumplir 17 años. Son temas muy fuertes con lo que tienes que lidiar como responsable de programas de este tipo” asiente la ex defensa central recientemente premiada en Estados Unidos con el Everyday Heroe Award por su labor de empoderar niñas a través del futbol y de luchar contra estadísticas que duelen.
De acuerdo a datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2015, México ocupa el primer lugar mundial en embarazo en menores de 18 años, con mil 252 partos diarios o un embarazo por minuto en niñas desde 10 años, hasta adolescentes. De hecho en el 2013, 83.9 por ciento del total de egresos hospitalarios en mujeres de 15 a 19 años se relacionan con causas obstétricas (embarazo, parto y/o puerperio) dice INEGI. “Le queremos ganar a esos números”, opina Gonzo.
Como muchas otras niñas, Paulina Fierro comenzó a entrenar con niños. Hoy su picardía y juego aún se mezclan con los de la adolescente: “Todavía es muy niña, le gusta mucho jugar en los entrenamientos y eso es lo que nos ha costado, debe estar enfocada”, comenta Regina Vivanco, directora de la academia y psicóloga de profesión y la describe: “tiene buena estatura y físico, es delgada, muy rápida y le pega muy bien con ambos pies aunque es zurda, es muy versátil”.
La capacidad de Regina para ver el juego desde fuera de la cancha le permite ir más allá: “También platicamos con ellas y les decimos que si no llegan a la selección (porque el porcentaje es bajo) pueden tener una beca en Estados Unidos o en México para lograr lo que quieran, que sean líderes en su comunidad y en el país y así cambiar las cosas a favor de la mujer, que sean un agente de cambio en un futuro”.
La emoción que siente Mónica al estrenarse como parte de un grupo de mujeres activas que desean aportar y hacerle frente a la situación de las adolescentes del país a través del futbol, significa la energía para seguir regando el semillero:
“Quiero ver cuántas niñas cuántas van a la universidad y se gradúan, cuántas terminan en posiciones de liderazgo, quiero ver qué pasa con todas ellas cuando sean grandes. Cualquier niña que podamos influenciar es una ganancia”, Mónica le apuesta a los debuts.

