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En mi niñez siempre me tocaba hacer los mandados o esperar. En una familia de seis hermanos mayores que yo (cinco de ellas mujeres) y dos hermanos más pequeños, era la candidata perfecta para ir a la tienda, para prender la tele, hacer fila en las tortillas, para ir a prender la bomba cuando el agua se acababa, esperar a que me sirvieran de comer o formarme por mi turno al bate cuando jugábamos ‘beis’ en Guanajuato. El área de bateo era una pila de tierra con una señal: una piedra, una hoja de árbol seca, un cartón.

1961

San Francisco del Rincón, Guanajuato. Mi madre me cuenta que cuando tenía 11 años solía salir a jugar beisbol con sus amigas y hermanas  siempre y cuando fuera a escondidas de mi abuela Makika. Goya, Margarita, ‘Teta’, ‘La Chuza’ y Pera eran los nombres de su club. «Yo me acuerdo que le atinaba» a pegarle a la pelota, dice. «A veces agarraba la bicicleta de mi hermano porque quería aprender para darme una vuelta, pero mi papá enseguida me decía ‘deja eso, es para los hombres» y cuando jugaba beisbol «estábamos a gusto bateando y mi mamá salía y empezaba ‘para adentro, ya les dije que ustedes no pueden jugar eso’ y se quedaba parada esperando hasta que le hiciéramos caso».

Estación de San Francisco del Rincón, Guanajuato
Estación de San Francisco del Rincón, Guanajuato

1983

‘San Pancho’, era un pueblo –y sigue siendo– beisbolero. Nos juntábamos como quince niñ@s en el patio trasero de la casa de una prima. Entre herman@s, amig@s y prim@s hacíamos los equipos para batear con todas las fuerzas la pelota –de cualquier tipo o de beisbol si había–, tampoco importaba si teníamos bate o no –podía ser un palo de escoba o alguna rama de árbol– podíamos pegarle con la mano. Correr a toda velocidad a la primera base era el momento de los gritos, de la excitación por haber logrado mandar la pelota lo suficientemente lejos como para que no te gritaran «out, out»

2016

Olympia tiene cuatro años. La profesión en la familia es ver deportes: Ponemos en You Tube las carreras de Usain Bolt, repasamos las medallas de Michael Phelps, pegamos estampas de los equipos del álbum Panini de Fut femenil, de futbol americano; vemos el soccer, el basquetbol y últimamente el beisbol. Si hay deporte femenino es mi turno. Ella me platica que en el recreo de la escuela mete canastas. Pero en estos días se interesó por el bate y así, de la nada, imitó los movimientos de los beisbolistas de las grandes ligas. Es otra época, aunque el beisbol femenino en México sigue siendo jugado por mujeres, todavía no se formaliza estructuralmente. Pero eso por el momento no importa, después de dos generaciones, ella ya tiene el turno al bate. Es su infancia, ya le tocará decir: «En mi niñez siempre…».

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