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Dos futbolistas que debutaron en el 2010 con la Selección Nacional Femenil, la mexicoamericana Bianca Sierra y la mexicana Stephany Mayor, levantaron el telón de la homofobia en el deporte del país con una fotografía publicada en el perfil del tuiter de @Bfromthe_BAYY titulada: “My world”, un corazón y un planeta tierra. Los desatados comentarios de “trolls” –como se conocen en la red social–  abrieron un fuego cruzado entre los tuiteros, así como entre los usuarios de Facebook. En México la homosexualidad en el deporte femenino de alto rendimiento era un ejercicio, hasta hace poco, sin rostros ni nombres. La preferencia sexual opuesta a la de los heterosexuales también era, incluso, motivo de baja, sanciones o deserciones en los grupos disciplinarios.

“Ojo @miseleccionmx no quiero que un par de machorras… me representen como mexicano, me dan asco”, dijo uno, mientras que otro “…malditas lesbianas en mi barrio ya las hubiéramos quemado”. Mujeres, hombres, jóvenes, adultos, comenzaron a tuitear sus muestras de apoyo para quienes, valientemente, se atrevieron a aceptar su relación con retuits como: “Feliz de verlas juntas, siempre con ustedes, las admiro, son unas grandes personas y grandes deportistas”, “ustedes son muy hermosas y valientes por expresar su amor, los ignorantes que no lo aceptan son basura…”; también en Facebook cientos de comentarios expresaron en el post sobre el asunto: “cada quien es libre de vivir el amor a su manera”.

La homofobia dentro del deporte femenil, igual que en el de hombres, podía no ser detectada por años y a pesar de que la prohibición de la discriminación basada en la preferencia sexual está ya explícita en la Constitución Mexicana desde el 2011, según El Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), no hay respeto y el fenómeno prevalece.

Sin embargo, en el caso de las jugadoras, quienes la última vez que aparecieron en la misma lista con el Tri fue el año pasado rumbo a los Juegos Panamericanos de Toronto y que –coincidentemente– no fueron convocadas para el Preolímpico (cuando el ex timonel Leonardo Cuéllar dijo a la prensa: ‘pregúntenle a Stephany por qué no está aquí), podrían ser el primer expediente de futbolistas seleccionadas en México que se definen públicamente, lo cual pone otras cartas sobre la mesa:

“En el deporte –y en la sociedad en general- la homosexualidad femenina es mayormente aceptada y visibilizada porque la cuestión del poder que supone la masculinidad está más fuertemente arraigada en el imaginario social; por eso podemos conceder que una mujer ame, bese o se exhiba con otra porque no atenta contra esa figura de poder”. Claudia Pedraza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y experta en temas de género también agrega “con los varones en general hay un mayor sesgo hacia la aceptación… Es impensable que alguien salga a decir ‘soy homosexual’ y además ‘mis compañeros lo aceptan’, eso se presta mucho a burlas y están en la misma estructura de la institución deportiva”, dice.

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El contexto la hace de réferi. Noruega, donde actualmente juega Bianca Sierra con el Arna Bjørnar, e Islandia, del conjunto Thór/KA, al que llegó Stephany hace unos meses, son países –casual y precisamente– donde ese miedo irracional a personas que practican la homosexualidad, preferencias sexuales, identidades o expresiones de género, contrarias al arquetipo de los heterosexuales (se incluye también a la lesbofobia y la transfobia, de acuerdo con Marta Lamas) y que se conoce como homofobia, es un tema al que le han dado vuelta de página: la aceptación de los matrimonios entre personas del mismo sexo (Noruega 2009 e Islandia un año después), por lo cual la adopción también se ha normalizado. Incluso, la primera ministra de Islandia, Jóhanna Sigurõardóttir, fue también la primera jefa de gobierno abiertamente homosexual en el mundo. La clandestinidad, los secretos y el miedo pasaron del ámbito privado a la mirada pública.

Una entrenadora mexicana de futbol, quien prefiere omitir su nombre, declara con base en su experiencia: “Yo diría que cuando son adolescentes hay un 10 por ciento de lesbianas en un equipo, pero hasta un 50-50 cuando son mayores de edad”. Un problema entre parejas de jugadoras que pasara a mayores en la Selección, era sancionado por el ex Director Técnico, Leonardo Cuéllar, con la separación de la jugadora por “indisciplina”. La ex psicóloga de la Selección, Elsa Chincoya, dijo en su momento que le tocó ver cómo algunas –después de hablar con ellas para que se definieran- ya no se reincorporaron al equipo por decisión propia. “El conjunto sabía por qué se había ido, pero no se habló abiertamente porque, ni ellas lo entienden, y los papás irían en contra de la institución”.

Bianca y Stephany, de 23 y 24 años respectivamente, abrieron un nuevo capítulo en la escena del futbol femenino donde las definiciones son necesarias. El silencio se ha roto y con él, quizá la delgada línea entre la discriminación y la aceptación.

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