“Yo no sé cómo tienes valor para salir a encuerarte”. Esto suele escuchar María Guadalupe Cano, mejor conocida como Güera, de labios de su madre, cuando le cuenta que va a participar en una competencia. La Güera no lo toma a mal. Entiende perfectamente que para su madre, concertista de piano, hija de un catedrático de filosofía, procedente de una familia conservadora, no resulta fácil aceptar que una de sus seis hijas haya preferido el deporte en vez de las artes. Y menos un deporte que requiere mostrar musculatura, como el físicoconstructivismo. Todavía menos, que su hija compita en bikini, luciendo sus músculos, a sus casi 52 años de edad.
Pero al final lo acepta: «conmigo se rompió el esquema” dice Güera Cano. Y es verdad.
En una sociedad donde a las personas de mayor edad, y en especial a las mujeres, se les asocia con la inactividad, esta mujer decidió iniciar su trayectoria competitiva en plena menopausia, en una disciplina sumamente exigente.
Tuvo que esperar 30 años a que sus siete hijos crecieran para poder dedicarse por completo al alto rendimiento, pero dice que la espera valió la pena porque está en su mejor momento. Ella no entrena horas en el gimnasio solo para cuidar su salud, prevenir achaques, o mantenerse activa; entrena porque quiere ganar, para demostrarse a sí misma que puede dar mucho más.

Su llegada a esta práctica deportiva fue fortuita: con apenas 17 años de edad, una lesión de rodilla la mandó al gimnasio para realizar ejercicios de rehabilitación. Antes practicaba otras disciplinas – karate, kick boxing, vuelo libre – pero el gimnasio la atrapó.
“Y con la curiosidad, empiezas a hacer preguntas, vas aprendiendo de los demás, te pones metas”. Así que con un permiso de sus padres – ya que antes los gimnasios no aceptaban a menores de edad- comenzó a entrenar.
La posibilidad de convertirse en una atleta de competencia no estaba es su cabeza, y menos cuando, a los 18 años, contrajo matrimonio y empezó a formar su familia, asentada en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Aun cuando esta labor le demandaba mucho tiempo, nunca dejó el gimnasio. La Güera comenzó a tomar cursos de preparación: primero, sobre rutinas de entrenamiento y acondicionamiento, pero después, sobre nutrición, obesidad, complementos alimenticios, desarrollo de capacidades físicas. Por su experiencia, sus compañeros se le acercaban a pedirle consejos, rutinas, y de este modo, se fue perfilando como entrenadora, hasta llegar a trabajar como instructora. Y así, ligada a los gimnasios, un día se dio cuenta de que habían transcurrido 30 años.
“Entonces una amiga me dijo: ya tienes mucho tiempo en esto ¿Por qué no te metes a competir?”.
Guadalupe tenía 48 años de edad. Si quería competir, tenía que hacerlo en la categoría de figura master, (35 años en adelante), con mujeres que eran por lo menos 10 años más jóvenes y que llevaban más tiempo en certámenes. Pero eso no la desanimó; al contrario, vio un reto.
“Soy muy disciplinada, tengo una buena simetría física y gracias a esto empecé a ganar los primeros lugares locales. A veces, me tocaba competir en categoría de figura abierta, con atletas de 25 años. Y ahí es donde te das cuenta de que tu percepción de ti misma es fundamental: yo entrenaba tan duro como ellas, así que tenía la confianza de poder pelear por los primeros lugares”.
Y con esta convicción ganó muchas batallas. Apenas un par de años después de iniciar su participación en competencias, conquistó su primer título estatal en fisiconstructivismo, en el 2013. Al siguiente año, repitió el pódium con el tercer lugar; para el 2015, en una categoría mayor denominada Woman Physique, nuevamente consiguió el campeonato y con esto, el pase al certamen nacional de Mr. México, donde alcanzó el segundo lugar. Un resultado motivante, casi tanto como la numerosa porra que siempre la acompaña.

“Antes para mí era difícil pensar en competir. Quise darle la oportunidad y la prioridad a mi familia. Pero eso no significó abandonar la intención de algún día estar en competencia”. Hoy, sus siete hijos -cuatro hombres y tres mujeres entre los 32 y los 20 años de edad- la apoyan incondicionalmente. Solo uno, Daniel, siguió sus pasos y entró a las competencias de la disciplina; pero todos tienen el hábito de acudir al gimnasio y practicar un deporte. Y este ejemplo, señala, es el mejor que les puede dejar a los hijos.
“Es difícil. A veces a la familia le cuesta a entender hasta dónde está una comprometida con la competencia. Pero yo siempre me preparo para mostrarles a mis hijos que hay que dar el mejor esfuerzo. Que mientras haya vida, no hay pretexto para dejar de intentar aquello que queremos hacer, y que no hay que rendirse”.
Pero además del ejemplo para su familia, La Güera ve la competencia como un reto personal. “No me gusta estancarme, soy perfeccionista. Es importante probar hasta donde puedes llegar”.
Escuchar decir esto a una mujer de más de 50 años puede parecer inusual. Pero la Güera está convencida de que el nivel competitivo no tiene un límite de edad.
“Tenemos la idea de que un deportista profesional o de alto rendimiento que llega a los 27 o a los 30 años termina su carrera. Pero en realidad el deporte te acompaña toda la vida. En el físico constructivismo tenemos unas categoría que se llama veteranos, hemos tenido chicos de 80 años, con unos cuerpos envidiables. Claro, la textura corporal, la piel no es la misma. Pero eso no significa que no puedas competir. Yo empecé a los 48 años, la edad en que las mujeres entramos en la menopausia. ¿Y sabes qué? Creo que empecé a competir a una buena edad, en la cual me siento más fuerte, con más energías para concentrarme y con mucha motivación”.
Guadalupe no solo rompe los estigmas sobre las mujeres y la edad, sino también sobre las mujeres y los músculos. Con un físico impresionante, es inevitable voltear a verla. “La gente hasta me pide fotos. Como si fuera una mujer vampiro”, bromea. “La gente no está acostumbrada a ver mujeres musculosas. Usualmente, a un hombre, a las propias mujeres les extraña mirar a una chica fuerte. Y mucho más si esa chica es en realidad una señora. Pero creo que es una cuestión cultural que va cambiando. Yo veo una gran cantidad de chicas en el gimnasio, con cuerpos fuertes, que buscan estar bien. Y ser mayor, entrar en la vejez, no tiene por qué significar descuidarse, ser débil, abandonarse. Eso es lo que a mí me interesa decirle a las personas”.
Por eso, La Güera no piensa en el retiro. De hecho, en estos días regresa a pelear por otro título estatal, en el tradicional Mr. Guanajuato. A “encuerarse”, como le dice su mamá. A darles un ejemplo de esfuerzo a sus hijos y nietos. Pero sobre todo, a romper con los esquemas de las mujeres, los músculos y la edad.

