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Por Olga Trujillo

Nunca han hablado en persona pero sus huellas en la pista coinciden con 48 años de diferencia. Ambas hicieron historia para México solo con saltar: Una, Mercedes Román, la primera representante del país en la disciplina del salto de longitud en los Juegos de 1968.  La otra, Yvonne Treviño, actual competidora mexicana en Río 2016, quien rompió el récord nacional al saltar 6.70 metros. La arena es testigo de que la diferencia entre un salto y otro tiene un relato qué contar.

SOLO CASI UN METRO DE DISTANCIA EN 48 AÑOS

Se han tardaron mucho en llegar, la  verdad. Son 48 años y ¿cuántas mexicanas saltan arriba de seis metros?, son muy pocas, tres o cuatro y son garbanzos de a libra. La pregunta es ¿por qué tanto tiempo se tardaron en mejorar un metro?”, reflexiona Mercedes Román, ex estudiante de la UNAM, quien durante los Juegos del ‘68 dio la marca de 5.75 metros, mientras que Yvonne saltó los 6.70 en mayo de este año.

En realidad, también la saltadora que actualmente entrena con dos de los mejores coaches del mundo (Kyle Tellez y Drew Fucci) y vive en Houston se muestra intrigada: “Uy me gustaría saber cómo entrenaban en esa época, cuáles eran las condiciones en México, quiénes eran sus entrenadores, el tipo de técnicas y qué competencias hacían” platicó vía telefónica con Diosas Olímpicas la de Nuevo León.

Noventa y cinco centímetros y 48 años hacen saltar las entonces las preguntas. Y Mercedes, quien comenzó a entrenar con el profesor Julián Medrano en la UNAM –y al término de los Juegos con entrenadores polacos–, sale a responderlas:

“Nosotros ni siquiera viajábamos a competir, ni dentro de la República. Solo fuimos dos años seguidos a Houston –precisamente- pero con la UNAM y en autobús, allá gané tres primeros lugares y eso era raro en esa época. Hoy por lo menos los atletas se van a giras en Europa, el gobierno paga… o los papás. Sin embargo, parece que estamos en las mismas, porque para ir a Juegos Olímpicos se les está pidiendo a los atletas que los Institutos o federaciones a las que pertenecen paguen su boleto de avión”.

Román en la carrera. Foto: Cortesía Mercedes Román
Román en la carrera. Foto: Cortesía Mercedes Román

En la experiencia de Yvonne, la niña que desde los ocho años mostró su talento al participar en un torneo de la amistad organizado en su colegio y quedarse con el primer lugar al saltar más lejos que todas con apenas dos semanas de entrenamiento, la distancia entre una forma de entrenamiento de la época de los sesenta en México y la que ella vivió, es corta:

“Ya cuando clasifiqué a nacionales, significaba tomar un camión para hacer trayectos de 16 horas por ejemplo si la competencia era en Yucatán. Llegábamos con las piernas engarrotadas. Yo tenía como 16 años y afortunadamente mis papás muchas  veces consideraban que valía la pena invertir en un avión. Sin embargo, no todas tenían esa oportunidad y me tocó ver atletas que se lastimaban o bien se hartaban, así que dejaban de asistir. Ellas no tenían el apoyo para seguir y pues la realidad es que vivir del atletismo no sucede”.

Mercedes Román salta obstáculos. Foto: Cortesía Mercedes Román
Mercedes Román salta obstáculos. Foto: Cortesía Mercedes Román

El tema de la falta de incentivos lo retoma de vuelta Mercedes Román, la capitalina que también practicaba pentatlón y salto con obstáculos. “A mí nunca me dieron una beca, mi familia no era de posibilidades, mi papá era encuadernador y mi mamá ama de casa. Haciendo esfuerzos comprábamos cosas y mi mamá me hacía mis uniformes a mano. La universidad quizá nos daba un uniforme pero cada uuu –y chifla–, mi mamá me hacía mis blusas y le poníamos el escudo de la UNAM. Yo compraba mis shorts…. Éramos maltratadas las deportistas honestamente. Pero fue buena época, había buen atletismo”, se muestra optimista. Así llegó al Comité Olímpico para participar en los Juegos del ’68: “En 1968 solo competimos tres mujeres en pruebas individuales por ser locales –y aunque se dice que fueron invitadas– también nos exigieron marca igual que a Yvonne para estar ahí”, recuerda.

El ’68, aquella época famosa por el cuestionamiento de los jóvenes a la vida cotidiana en el país, Mercedes “vivía en la colonia Cuauhtémoc, luego empecé a entrenar en el Comité Olímpico. Ya para cuando me eligieron para los juegos (del 66 al 68), yo estaba en la escuela de Educación Física e iba de mi casa al Centro Olímpico. Era lejos y todos los días. Entrenábamos fácil tres horas al día,  horas de entrenamiento, resistencia velocidad, fuerza, otro día velocidad pura, salto”. Román mide 1.76 metros –medía dice y ríe ‘se va a haciendo uno chiquito’, y más por las tres operaciones de cadera que ha tenido “por desgaste” y cuando compitió pesaba entre 60 y 62 kg.

Yvonne Treviño al momento de hacer los 6.70 m.
Yvonne Treviño al momento de hacer los 6.70 m.

SALTO A RÍO 2016

Yvonne Treviño dice tener un cuerpo ideal para el salto de longitud pues mide 1.70 m y pesa 62 kg., “a través de los años se ha especializado más el tipo de cuerpo para el salto, pueden ser unas piernas súper largas o cortas y la única diferencia es la velocidad y la potencia”.

Por eso la atleta, quien entrena alrededor de seis a ocho horas al día y que no logró llegar ir a Londres 2012, Centroamericanos ni Panamericanos, asegura haber ‘reaprendido’ cómo saltar en todo ese tiempo y estar clara de lo que pretende en Rio: “Si salto arriba de siete metros podría estar cerca de las medallas”, la ilusión dice, la deposita ahí y en hacer un buen papel. Realmente para ella el salto es igual a la prueba técnica:

“Los saltos pueden variar, dependen de la velocidad que generaste en el camino que es con la que llegas a la tabla, cómo colocas tu pie, son entre 16 y 22 pasos que corres para llegar ahí, es cuando generas un ángulo de despegue de 45 o 50 grados y una parábola. Pueden catalogarse como saltos altos o rápidos”.

Sin duda para desmenuzar los detalles entre un salto y otro con 48 años de diferencia hay que dar más de 22 pasos. Yvonne los ha dado y espera ansiosa su participación en Río. El público esperará que no pasen más de cuatro décadas para ver saltar a una mexicana en la máxima justa olímpica.

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