Por Olga Trujillo
Desde Catemaco la Virgen del Carmen escuchó la invocación y los rezos de Ángeles Ortiz que regresó de Brasil con una medalla de oro más en su pecho. Impulsar la bala tan lejos como esos 10 metros 94 centímetros en los Juegos Paralímpicos de Río, le tienen cansados el codo y el hombro, por eso ya de vuelta en Veracruz, se tomará dos meses de descanso y aprovechará para ir a agradecerle a la virgen junto con su familia.
“Cuando me bajé del avión a Río ya estaba tosiendo y fluida, competí con los bronquios inflamados, pero ya estoy aquí y necesito atenderme”. La enfermedad parece poco para una mujer que ha superado el cáncer y un atropello donde le “asesinaron la pierna” como la triple medallista paralímpica dice en entrevista a Diosas Olímpicas al referirse a su condición física.
De brazos fuertes y robustos –que trabaja en su propio gimnasio–, Ángeles sabe que el tiempo dedicado al deporte debe ponerse en pausa para poder realizar pendientes: “Amo mi trabajo y no me quejo, pero he dejado a dedicarle tiempo a mi familia. Tengo a mi madre viva, quiero cobijarla de amor y pasar tiempo con ella, mi hija, mi esposo, mi hermana y su familia. También tengo un libro que cociné pero no está vestido aún, está relatado y terminado, me falta detallar personajes… lo he estado haciendo desde hace cinco años, no soy escritora pero es mi libro, mi autobiografía”.
La ganadora de plata en Beijing 2008 y de oro en Londres 2012, dueña también de una escuelita de taekwondo, descansa cada cuatro años después de unos Juegos, pero no solo del deporte también “el sistema deportivo mexicano me tiene cansada. Me cansa el amañamiento que tienen desde las Federaciones con las Asociaciones y algunos institutos y Comités como el Paralímpico Mexicano (COPAME); ver cómo los atletas son rezagados; cómo se pierden carreras y se destrozan vidas de jóvenes porque así lo deciden ellos; cómo los recursos no llegan ni en dinero ni en especie… El ‘si no estás de acuerdo, estás contra mí’… eso y un sinfín de malas mañas”.

La atleta considera que en estos tiempos no solo ella piensa de esa manera. A muchos de sus colegas les pasa pero “les da miedo hablar y prefieren agachar la cabeza, sin embargo ya estamos llegando al punto de que muchos comenzarán a hacerlo”. Un ejemplo es el de la nadadora paralímpica Doramitzi González quien a través de su cuenta oficial de Twitter y Facebook, acusó a la gente especializada de inscribir a los atletas en cada disciplina de no hacer su trabajo de manera eficaz por lo que ella y sus compañeras fueron eliminadas de los revelos 4X50 en Río 2016.
Por lo que tiene entendido, Ángeles recibirá un estímulo económico por el triunfo obtenido en la justa paralímpica “me imagino que debe ser igual que el que se les dio a los convencionales, si no, es un acto discriminatorio”. Becada por la CONADE, la lanzadora de bala recuerda los tiempos en los que los atletas paralímpicos no contaban con el reconocimiento económico justo por parte de las autoridades:
“Las que iniciamos este movimiento fuimos Amalia Pérez (levantadora de pesas paralímpica), Cristina Hoffman (tenis de mesa se silla sobre ruedas) y yo, con la medalla de Londres en la mano fuimos a hablar con las autoridades del sexenio anterior y se dio la orden de que nos apoyaran con el fideicomiso CIMA”. Aún así, Ángeles asegura que aún invierte de su bolsa para llevar a cabo la disciplina.
DE VIDA Y DEPORTE
La lanzadora de bala tiene 43 años. Frecuentemente acude a impartir pláticas motivacionales ya sea con niños, jóvenes o adultos. Su charla dura aproximadamente dos horas en las cuales habla sobre su pasado y presente: como cuando era una ciudadana común y estudiaba su licenciatura en Comercio Internacional, su cotidiana como madre y sí, ese momento trágico del accidente donde perdió la pierna.
“Obviamente cuando son niños solamente convivo con ellos, cuando son más grandes les paso algunas imágenes y videos pero son fuertes (de mi accidente). La idea es hacerles ver que hay quienes se deprimen porque les salió una espinilla en la cara y al rato se quieren suicidar porque los cortó la novia o el novio, les digo ‘discúlpenme jóvenes pero qué van a hacer ustedes el día que se expongan a una adversidad si con una espinilla se vuelven locos… no puedes pensar tan pequeño, basar tus metas en una imagen que ves frente a un espejo y que si para ti no es perfecta, entonces ya nada vale la pena, imagínate lo que yo sentí cuando vi mi imagen frente al espejo por primera vez sin una pierna y con un muñón inflamado que parecía un cuerpo que –para mí en ese momento– no era humano, ya era deforme. ¿Qué hay que hacer? Pues agarrar tus pedacitos, juntarlos, decir tengo vida, tengo metas, sueños, me quitaron mi pierna pero no me quitaron mi corazón, sentimientos, inteligencia, manos tengo muchas cosas y tengo que salir adelante. Es ese coraje y el trabajo del que uno tiene que aprender como lo importante porque lo aplicarás en tu vida personal y profesional’. Los mueve mucho, les hace sentido”.

¿DISCAPACIDAD?
Sin patrocinios como los atetas convencionales, Ángeles está consciente de que la cobertura mediática que se le da al deporte paralímpico, es menor:
“Entiendo muchas situaciones que pasan en el país. Es un hecho que se cubren más los olímpicos de agosto pues falta sembrar esa cultura de que sepan que el deporte adaptado finalmente es deporte. Yo estoy en contra de que se diga “deporte paralímpico” y “deporte olímpico” ambos son olímpicos, para mí lo son, no porque tengamos una discapacidad no entrenamos siete horas al día y es alto rendimiento, yo invito a cualquiera a que venga a entrenar conmigo. La discapacidad es un problema en la mente de cada persona. Imagínate que desde que tienes una discapacidad estás etiquetado, hay quienes nos dicen minusválidos, a mí no me ofenden, tengo la gracia de Dios de haber vivido 31 años como una persona convencional y hoy tener la oportunidad de vivir de este lado y de demostrarme a mí misma –y a quien quiera– que puedes salir adelante y de las cosas que somos capaces las personas con discapacidad”.

MEDALLA PARA LAS MUJERES
Por Ángeles Ortiz
Dediqué mi medalla a las mujeres de México porque de verdad que son las más valientes que he conocido. Yo soy una de ellas, lo sé, pero mi madre, hermana, hija, amigas y conocidas lo son. Una mujer que se levanta todos los días para ver qué le da de comer a sus hijos, otra que es capaz de salir de una enfermedad, de un accidente, de un cáncer y que sin cabello y sin cejas, sonríe y te brinda un consejo; que sin estudios saca adelante su casa, gana una medalla y rompe récords; una mujer que se parte en mil porque hay que atender a los hijos, al marido, limpiar la casa y aparte hacer comida.
Esta medalla es para todas ellas, ya he pasado por cada una de estas situaciones: por el cáncer, por la adversidad de la pierna, por estar en un hospital, por tener que ser yo quien limpie mi casa, atender a mi hija y al mismo tiempo trabajar… pero observo a mi alrededor y es un común denominador. Hay algunas que se quedan esperando, pero eso depende de la cultura, yo insisto en que la mayor parte somos aguerridas. Somos mujeres con aplomo, tenacidad. Hay una palabra que nos define: determinación.

