Por Olga Trujillo
Por fin se escuchó el silbatazo inicial del futbol femenil mexicano. Después de tantos años de espera, tal vez pocos se imaginaban gradas semivacías en la inauguración de la Copa MX Femenil. No hubo un discurso dedicado a la lucha de las mujeres que abrieron este espacio a patadas y tampoco el clásico corte de listón que inaugura los eventos añorados. Eran las 10 de la mañana cuando se dio el silbatazo inicial, que parece suficiente. En tiempos de contar historias a futuro cuando se trata de futbol femenil, recurrir a las emociones por ver el juego de ellas –dentro del parteaguas de la Liga MX Femenil a celebrarse en septiembre–, parece una tarea saludable.
Así lo reconoció la legendaria Maribel Domínguez, Marigol, y quién más que ella para manifestar la euforia. «Yo tengo ganas hasta de llorar, estoy feliz, al mismo tiempo puedo imaginar que todo el sufrimiento que se llevó a cabo y todo lo que tuvimos que pasar para tener esto valió pena y lo volvería a vivir igualmente».
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EL DESAFÍO DEL AMANECER PARA EL BALÓN FEMENIL EN MÉXICO


