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Por Olga Trujillo

Los nombres de las baquetbolistas mexicanas destacadas que han jugado en el extranjero apenas forman una quinteta titular: Erika Gómez, Abril García, Brisa Silva, Elsa Hayashi, María Antonieta Morales… Sin embargo, las leyendas se construyen día con día. Hasta hace unos años, el nombre de la mexicana María Begoña Faz Dávalos, aún permanecía en la banca. La nacida en San Luis Potosí de 1.90 de estatura y de años, hoy alza la mano para ser una indiscutible y no sólo por ser la primera mexicana que gracias a una beca estudiantil consiguió ser referente de un equipo colegial División I en Estados Unidos (Fresno State), sino que además lo hizo con gallardía:

Fue reconocida por llegar a mil puntos y en el año que le queda de elegibilidad ha sido seleccionada para jugar en uno de los programas más competitivos dentro del basquetbol femenino de ese país, el de la Universidad de Duke. La WNBA se ve cerca.

En el 2011, mientras que la ‘Cucha’ y Blanca Vargas se dedicaban a hacer llamadas telefónicas para juntar a duras penas al equipo que ganó la histórica medalla de plata durante los Panamericanos en Guadalajara, Bego apenas era una novata adolescente que llevaba un par de años jugando en la selección nacional juvenil de México.

Majo y Monse, las hermanas mayores con las que compartió las canchas de su tierra natal y lo lúdico del juego en equipos contra señoras “o contra quien fuera”, fueron con quienes luego, ya de manera formal, celebró los beneficios de las becas que el Tec de Monterrey ofrece a talentos deportivos como el suyo. Ya antes los pilares de su casa les habían inculcado el deporte pues su padre era basquetbolista y su madre voleibolista.

Tiro a tiro y rebote a rebote, Bego se hizo de un nombre y un lugar en los equipos en los que se paró, pero el de la Sub 18 con el que participó en el torneo FIBA Américas de Puerto Rico (2012), marcó un momento crucial de su carrera: Fue ahí donde el entrenador Kelly Graves, head coach de la Universidad de Gonzaga (y asistente de la selección estadounidense) le preguntó si le gustaría ir a estudiar/jugar a Estados Unidos.

En el 2013, ya en California, parecía que Bego había cruzado una barrera, había dejado claro que, a pesar de la falta de apoyo para las basquetbolistas en México –como ella misma lo vivió–, se podía ser visible en un país que juega basquetbol de primer mundo. Sin embargo, se trataba apenas del primer cuarto. No sabía inglés, no tenía claro qué quería estudiar (se decidió por marketing) y “estaba muy flaca”. La solución fue tomarse un año de ‘comodín’o hacer redshirt -retrasar la elegibilidad deportiva durante un año– y gracias a su rápida adaptación, el miedo le dio las gracias y se dio la media vuelta.

“A cada rato me preguntan si hay talento en [el México]. Claro que hay, pero nadie sabe cómo buscarlo o cómo proyectar a esas jugadoras,” declaró Bego a ESPN.

A partir de entonces el repaso de sus logros llena una larga lista que quedará guardada en la historia del basquetbol femenil mexicano, aunque aún no termina de escribirse:

El amateurismo de Bego terminará en la prestigiosa escuela de los Duke, donde futuros talentos de la WNBA han sido y son incubados. De conseguir llegar al mejor nivel de basquetbol que existe en el mundo, Bego sellará su capítulo como la primera mexicana que… pero antes hay que sentarse a mirar los partidos. El segundo cuarto apenas comienza.

 “Sé que es posible, pero sinceramente estoy enfocada en este momento, lo que pase, pasará,” comentó Bego a Marca.

HIGHLIGHTS BEGO FAZ

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