Japón está preocupado. Es el sentir de la clavadista y doble medallista olímpica, Paola Espinosa. Su presencia en tierras niponas, que fue para competir en la Copa del Mundo de la especialidad junto con Melany Hernández, donde quedaron en el noveno sitio (264.60 unidades) durante la prueba de trampolín sincronizado 3 metros, se dio entre calles desoladas, una fila de protocolos por la pandemia y sin espíritu olímpico.
“La verdad es que no hay (ambiente olímpico). Normalmente cuando llegamos a esta Copa del Mundo en otros ciclos olímpicos, desde que llegas al aeropuerto, ya encuentras cosas de Tokio, de Juegos Olímpicos, todo vestido ya, pero en esta ocasión no nos tocó ver pues nada desde que llegamos”.
De asistir a los Juegos Olímpicos de Tokio, Paola sería la primera mujer mexicana en alcanzar un logro inédito. Y eso le “llena de orgullo digo ‘voy a disfrutar mis quintos Juegos Olímpicos’, no saben la alegría que me da… de lo que he hecho nadie me ha regalado nada. Estos cinco años hablan de mucha disciplina, mucho trabajo, esfuerzo y estoy encantada de cumplir este quinto ciclo olímpico”.
Pero “imaginarse” los Juegos dado el contexto y la situación actual, le es difícil: “A pesar de que sigue muy latente (Tokio 2020) en nuestra mente, en nuestras emociones, en nuestro corazón… sí se ve que ahorita no es la prioridad para el país y lo entiendo… sí, todavía no se siente la fiebre de los Juegos Olímpicos en Japón”.
De hecho, si tuviera que pensar en emociones para describir al país que albergaría los Juegos Olímpicos más recordados de la historia, la clavadista asegura “a mí me suena como un Japón que me hace ilusionarme, aunque veo también un Japón preocupado”.
Y su compañera de alberca, Melany Hernández se une al pensamiento positivo “Japón yo lo describiría como ‘emoción’, sea como sea, estoy emocionada y contenta”.
CLAVADISTAS PROFESIONALES
La pareja que consiguió el pase olímpico histórico para México en la prueba de trampolín 3 metros sincronizados femenil con aquel bronce de los Campeonatos Mundiales de Natación FINA 2019, en Gwangju, se sintió satisfecha con su actuación en la Copa Mundial 2021:
“La experiencia fue bastante buena, seguimos con el dedo en el renglón en asistir a los Juegos Olímpicos. Nos sirvió para irnos calando más y darnos cuenta en lo que tenemos que mejorar” comentó Melany quien aceptó tener “una lesión de bastante tiempo, es algo crónico pero estoy bien, fue buena estrategia no haberme arriesgado para entrar a la prueba individual”.
El tiempo que queda es relativo. Para un par de clavadistas profesionales como ellas, la preparación mental y física suele ser su disciplina de alto rendimiento.
“Sí tenemos tiempo para mejorar y ¡claro que lo vamos a hacer!, en nuestro caso hay muchas parejas que vinieron al tope a esta competencia porque necesitaban ganar su pase a esta competencia a los Juegos Olímpicos, nosotras claro que veníamos entrenando muy fuerte, pero en realidad veníamos a hacer como un examen y analizar lo que íbamos a hacer en esta competencia.
Nuestro objetivo es llegar al cien por ciento ya a los Juegos Olímpicos, claro que vamos a mejorar. Ya lo hemos demostrado una y otra vez donde nos hemos parado Melany y yo”, mencionó Paola quien ya cuenta con diez finales olímpicas.
EL MENSAJE DE PAOLA DESDE SU ROL DE MADRE
La pandemia no se lleva con los planes. Y a la clavadista Paola Espinosa le queda claro. Previo a la cancelación de los Juegos Olímpicos del año pasado, Paola soñaba con pedir que su hija Ivana pudiera estar con ella, de ser posible, en la Villa Olímpica. Pero nadie le avisó que el futuro daría un volantazo.
“Siempre había dicho que me imaginaba a Ivana en las gradas echándome porras. Que si Dios quería, y nuestro esfuerzo nos daba para ganar esa medalla que tanto queremos, verla en las gradas, bajarla y colgarle la presea que ganara en ese momento, eso era con lo que soñaba. La pandemia dice cuándo y cómo, pero eso no que quita la ilusión de que voy a llegar a México y también le voy a colgar esa medalla, si es que se puede. Finalmente, mi hija siempre va a estar presente en esta competencia, ya sea por la televisión o por otro medio, pero seguro me estará viendo”.
Nada está dado. Paola no solo tuvo que olvidar el plan de llevar a su hija con ella, sino que tras contagiarse de Covid, hubo momentos en los que ella misma postergó la idea de Tokio. “Mientras estuve enferma, tuve mucha incertidumbre de no poder quedar bien, no solo para los clavados, sino para mi hija y mi familia”.
La lección se escribió sola.
“La pandemia me enseñó que las cosas no serán como las planeamos, pero no pasa nada, sé que ella va a estar ahí y que va a estar muy orgullosa de ver a una mamá luchadora y valiente, que se enfrenta a cualquier cosa y ese es el mensaje que yo quiero dejar a todas las deportistas mamás o a cualquier mujer de cualquier rol de la vida que esté viviendo.
No me canso de decir, que la maternidad no está peleada con seguir cumpliendo tus sueños, que es difícil, muy cansado, que es muy triste en ocasiones, que desgarra el corazón, el alma en algunas ocasiones cuando tienes que hacer sacrificios grandes, pero que, aun así, la recompensa es increíble.
Quiero que mi hija vea los valores de su misma mamá, que vea una mamá valiente, fuerte, que se enfrenta, que trabaja, que es tenaz con cada uno de sus sueños y sus objetivos y que quiero que mi hija sea así en un futuro.
Que cualquier cosa que ella quiera hacer se enfrente y que diga “si mi mamá pudo, yo también lo puedo hacer”.
Ese es el mensaje que quisiera dejar a todas las mamás deportistas y en general, que se puede hacer muchas cosas a la vez que somos fuertes, valientes e increíbles, si pudimos dar vida, podemos hacer muchas cosas”.
Tokio está cerca y se llevará a cabo en un país preocupado. Pero soñar está siempre cerca de los deseos del corazón.

